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Claves para superar un naufragio
Periférica , Daril Fortis

Condiciones del NODO Claves para superar un naufragio, organizado por Periférica, como parte de la Fase 2 del SIT_AC XIII, celebrado el 07 de agosto de 2016, en Tijuana BC, México.

De la dinámica

Claves para superar un naufragio consistió en un conversatorio sobre el tema de políticas culturales del Estado y modelos de gestión en Tijuana. Enmarcado en la línea de discusión Razón política de la gestión cultural del Estado, propuesta por el SIT_AC XIII, el objetivo de este nodo fue realizar un análisis de la situación actual, partiendo de una revisión histórica del desarrollo de la institución cultural en la ciudad, así como de los diferentes movimientos autónomos que participan y definen las vías de gestión y el ejercicio de las políticas en materia de cultura.

Fueron tres mesas de diálogo las que integraron el programa. Tres invitados por mesa, con distintas perspectivas de la temática analizada. Con el interés de propiciar puntos de encuentro y contraste entre los ponentes, previo al día del conversatorio se les entregó un cuestionario que el equipo de Periférica proponía como guía para el diálogo[1].

Durante el evento, los cuestionarios estuvieron disponibles para el público asistente, con la finalidad de recabar sus respuestas y así abarcar más perspectivas desde distintos ejercicios.

Institucionalidad y desarrollo cultural

La mesa uno, titulada Si un norte se te ha perdido, en el sur anda escondido[2], fue el punto de partida para abrir una serie de discusiones sobre el origen y desarrollo de la institución cultural en Tijuana. Tomando en cuenta el Centro Cultural Tijuana (CECUT, 1982) como paradigma, se reflexionó alrededor de las implicaciones de su ejercicio y su relación con la ubicación geográfica de Tijuana y las dinámicas políticas con el centro del país y la escena artística internacional.

Participaron Armando García Orso, subdirector de Exposiciones del CECUT; Norma Iglesias, profesora e investigadora en la Universidad Estatal de San Diego y El Colegio de la Frontera Norte (El Colef); y José Manuel Valenzuela, secretario general académico de El Colef.

La institucionalidad en Tijuana surge en un contexto de desinterés en la cultura y la construcción de sentido, por parte de los empresarios; la enunciación gira en torno a la «frontera como un lugar de comercialización» (Valenzuela) limpio, en contraposición a la economía derivada de «actividades non sanctas» (Valenzuela) como la venta de alcohol, los juegos de azar y el trabajo sexual.     

El CECUT nació como parte del Fondo Nacional para Actividades Sociales (FONAPAS), sin embargo, tras la disolución de esta figura, pasó a la Secretaría de Educación Pública gracias al abogo de Jorge Bustamante, fundador de El Colef, en contra de su admisión en la Secretaría de Turismo. Actualmente depende de la Secretaría de Cultura.

El término capricho estuvo presente durante la discusión, en relación a la implementación del CECUT, aludiendo a cierta noción histórica que involucra a la ex-primera dama Carmen Romano y su espíritu de competitividad por crear el cine IMAX más grande de México, iniciativa que se enmarcaba en el discurso de convertir a Tijuana en un atractivo turístico para los estadounidenses y en un punto estratégico de reforzamiento de la identidad nacional. La estrategia del CECUT se basó en una visión folklórica de México; contaba con jardín arqueológico, tienda de artesanías y un área destinada a los voladores de Papantla, por ejemplo. Prevalecía el concepto de la frontera como un «lugar desnacionalizado» (Valenzuela) a donde traer la cultura, haciendo visible el esplendor de los orígenes del país.

Tras abandonar la mirada folklorista, el CECUT se convierte en la institución que alberga y promueve la alta cultura. Por un período no hay cabida para que artistas locales expongan en sus instalaciones; «una gran parte de la vida artística no pasa por el CECUT. Hay gran reconocimiento de espacios independientes, aunque el CECUT si ha sido una apuesta, pero no podemos pensar todos los procesos culturales desde esa condición.» (Valenzuela)

Poco a poco las manifestaciones artísticas locales fueron ingresando a la institución por medio de diversos procesos, hasta llegar a la asunción de la responsabilidad hacia los artistas de la región por parte de la institución cultural. Aunque es el Festival Internacional de la Raza, organizado por El Colef, el que inaugura la relación con lo fronterizo, inSite «coloca el tema de la frontera dentro de un campo más amplio: el proyecto invitaba hasta cien artistas y les daba una historia cultural de la frontera, para saber qué significaban los símbolos, para poder ir desarrollando sus proyectos.» (Valenzuela)

Hay cuatro exposiciones fundamentales para la revisión de la producción artística local desde el CECUT. La primera, © Diagnósticos Urbanos (2002), que se trata de una visión externa articulada por la curadora Magalí Arriola, quien hizo una selección transgeneracional de artistas y que «toma al CECUT como símbolo dignificante de la dinámica de la nueva Tijuana» (García Orso, citando a Arriola) y parte de las manifestaciones culturales que se dan en su condición urbana; la segunda, curada por Marco Granados, Larva (2004), se centraba en artistas emergentes y partía de «la geografía de la ciudad, de su población, de la seguridad, de la vivienda, de los medios, de la educación y sus relaciones con la misma» (García Orso, citando a Granados); en tercer término se encuentra Proyecto cívico (2008), curada por Lucía Sanromán y Ruth Estéves, una de las muestras con la que inauguró El Cubo (2008), una exposición que en relación al contexto de violencia de la época, utiliza «al arte para hacer un cuestionamiento de nuestro trabajo como comunidad en términos de civilismo, civilidad» (Iglesias); finalmente, Obra negra: una aproximación a la construcción de la cultura visual de Tijuana (2011), curada por Olga Margarita Dávila y Carlos Ashida, donde la combinación de la visión interna —Dávila— y la externa —Ashida— se articularon para hilvanar la historia «desde la ciudad a través del tiempo y su relación de la ciudad con la producción visual en cada momento histórico» (García Orso).

El CECUT se erigió como una «mediación de la actividad cultural» (Valenzuela), como una figura central en la formación de públicos y el consumo cultural, como un detonador de procesos. Sin embargo, su escala y diversidad de usuarios, define un reto en relación con otras instituciones culturales de menor envergadura, como las estatales y municipales e iniciativas independientes: «¿cómo trasladar parte de lo que llega al CECUT a estos otros espacios de exhibición?» (Iglesias). Otra de las cuestiones es si, más allá de un tipo de capacitación, «¿realmente el CECUT ha ayudado en la profesionalización artística?» (Valenzuela). Hay una deficiencia en relación a la articulación con otras entidades federales, estatales y municipales, donde por ejemplo, los centros estatales de las artes en Baja California, están diseñados especialmente para generar programas de profesionalización.

No es la institución quien deba generar la cultura, es necesaria la intervención ciudadana. La institucionalidad se desarrolla a través de los agentes culturales, el CECUT puede ser un gran articulador, pero la cultura se construye a muchos niveles y desde distintas responsabilidades.

Todos somos parte de esa red

A buen viento, mucha vela pero poca tela fue el título de la segunda mesa, donde participaron Gabriela Posada del Real, directora de Reacciona Tijuana AC; Arturo Rodríguez, director de La Caja Galería; y Tico Orozco, director de La Casa de las Ideas. La discusión estaba dirigida a analizar las vías de vinculación entre los diferentes agentes del ecosistema artístico-cultural de Tijuana, tomando en cuenta la diversidad de perfiles. El objetivo era identificar las estrategias efectivas para la colaboración, así como proponer nuevas formas de vincularse.

El tema de la desarticulación entre las instituciones culturales y otras iniciativas estuvo presente a lo largo del diálogo. Se intentó dejar en claro que el Estado es incapaz de construir una escena colaborativa e incluyente por sí solo, «el gobierno nos necesita y nosotros a él, hay que trabajar con lo que hay» (Posada del Real).

Históricamente la ciudadanía se organiza ante la tempestad, cuando la problemática es ya inaplazable. Sin embargo, es necesario «crear comités, redes, alianzas en sector público, privado, académico y sociedad civil» (Posada del Real), existe una necesidad de reestructurar los mecanismos institucionales, pero para generar estructuras debemos conocer la responsabilidad de cada entidad, incluyendo la nuestra como comunidad.

Las asociaciones civiles deberían funcionar como negociadores entre institución y comunidad y para ello es necesario conocer, ejercer y proponer políticas públicas.

Entender que cada lugar tiene problemáticas específicas y que los diagnósticos son fundamentales para cualquier tipo de implementación de programas, y que éstos tienen que articularse junto con la comunidad, con sus líderes.

Llevar un registro y análisis de las acciones realizadas es importante: «lo que no se mide, no existe» (Posada del Real).

«Hay una desarticulación entre las instituciones, le tocaría a la ciudadanía y específicamente a los agentes culturales que nos estamos involucrando en esto, no solamente generar espacios de reflexión aislados; juntarnos, articularnos y vincular estrategias. Sería bueno que este espacio de reflexión fuera el inicio de algo así.» (Fortis)

Modelos de gestión en Tijuana

La mesa número tres estuvo compuesta por la participación de Mónica Arreola, codirectora de 206 Arte Contemporáneo; Margarita González, directora de Casa de la nueve AC; y Cecilia Ochoa, directora de Fundación Entijuanarte. Titulada Ea, ea, que el que no embarca nunca navega el diálogo se desarrolló alrededor de los modelos de gestión de iniciativas autónomas.

El consenso de los proyectos participantes indicó que la mayoría de iniciativas autónomas en Tijuana comienzan con un presupuesto propio; hay inversión de tiempo, dinero y trabajo con el objetivo de generar espacios y organizaciones que atiendan necesidades que las instituciones no alcanzan a cubrir o siquiera a identificar.

Su permanencia —o disolución— se debe a diferentes factores. La identificación de un nicho de mercado, como en el caso de 206 Arte Contemporáneo que se centra en la exhibición del trabajo de artistas emergentes y la venta de obra a jóvenes coleccionistas, ha permitido la sostenibilidad del espacio. Por otro lado, el uso del dólar para el cobro de renta de espacios y la actual devaluación del peso, han contribuido al cierre de espacios que no han sido capaces de estructurar un sistema resiliente a este tipo de cambios contextuales.

«Lo que hace un modelo de gestión es la práctica misma.» (Ochoa)

El modelo mixto de gestión es utilizado por varias de las iniciativas autónomas en Tijuana, esto implica la gestión de recursos y alianzas tanto de la institución pública como del sector privado.

Ser frontera nos da la «virtud de tropicalizar y adaptar distintos modelos» (Ochoa).

Es necesario pensar en implementar «un departamento de gestión cultural en todas las instituciones, debe de haber una coordinación de gestión: una para sus propios recursos y otra para asesorar los diferentes proyectos de la comunidad cultural.» (González)

El ejercicio de la gestión conlleva una conciencia ética, atención a las políticas culturales y económicas, sin perder de vista que cada proyecto tiene como objetivo incidir en un determinado grupo social.

La cultura del sol

La geopolítica de Tijuana ha definido gran parte de su construcción cultural. Desde la implementación de la institucionalidad hasta los modelos de gestión de iniciativas autónomas, este aspecto es una constante que moldea las posibles vías de colaboración y vinculación entre los agentes del ecosistema cultural.

Con Claves para superar un naufragio enunciamos algunas de las problemáticas, aciertos y experiencias que se viven, discuten, asumen y superar en relación a la gestión de la cultura, no solamente por parte del Estado, sino también decidimos incluir la perspectiva de los proyectos independientes.

Concluimos que en Tijuana hemos desarrollado mecanismos de cobijo para el incipiente ecosistema cultural, pues nos encontramos lejos del sol que nos caliente; pero más allá de lamentarnos por la tibieza, hemos emprendido el análisis de las posibilidades que el frío puede albergar, si se le abraza.

Periférica

 

[1] Los cuestionarios pueden consultarse en los anexos de este texto.

[2] Los títulos forman parte de refranes de la tradición marina.

Themes

  • 1. The Politics Behind State Cultural Management

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  • Tijuana